No hablo catalán.
Este es como el doceavo blog que tengo en la vida, los amo, los dejo, los recupero y los vuelvo a olvidar, sue me.
Ya, luego de tremendo preámbulo, les cuento...
Cuando una piensa en los afortunados viajes trasatlánticos con las comodidades y facilidades que mantienen al cuerpo 14:30hrs entretenido, se asume que la cosa no está mal ¿Qué son 14 horitas leyendo, durmiendo y viendo películas/series? Bueno, pues cuando te subes al avión y descubres que es más bien viejo (para mi generación, no tener tu propia pantalla y enchufes por todos lados en un trasatlántico es anticuado) y tiene 2 pequeñas televisiones dices "qué bueno que traigo mis libros, además me la pasaré durmiendo" pero cuando llegas a tu asiento y descubres que tu fila es la última de la segunda sección del avión, tema poco reelevante si no fuera porque eso significa que detrás de tu asiento hay un muro que impide que el asiento se recline, empiezas a sentir el cansancio y la desesperación de la octava hora 10 minutos antes de despegar. Lo bueno de que dios (o Dios, si existe y si le creen) "aprieta pero no ahoga" es que luego de 2 golpes te da un respiro y resulta que por lo menos ha quedado vacío el asiento junto al tuyo.
La comida de los aviones ES UN TEMA y más si te toca cenar y desayunar ¿Se está volviendo esto muy quejumbroso? N'ombre! Si había muchas cosas buenas y maravillosas (la mayoría pasando dentro de mi cabeza y por la emoción de abrir los ojos y estar de pronto en LA ciudad)
En fin, luego de una mañana de "Flyaerobics", programas de tv infantiles, ver la cara de "recién despertando" de un montón de extraños (aquí se crea un lazo especial con los vecinos de asiento) y un desayuno con harina de huevo o algo peor, por fin Frankfurt.
En resumen: casi pierdo mi vuelo Frankfurt Barcelona y todo por una viejecita malhumorada con complejo de poder, una le dice "tengo que abordar mi siguiente avión en 20 mins" y con tal de sentirse poderosa y la de la última palabra, te manda otra vez a la fila, luego como señor todo poderoso dador y quitador de vida señala con su dedo poderoso para decidir quienes pasan y quienes no, así que por fin, me concede el bendito milagro de pasar a migración... a las 15:35hrs.... hora a la que debía YA estar abordando mi vuelo. Claro que para los viejecitos siempre hay carritos en los aeropuertos, ta bien. Pero si una va atrasada porque el avión salió media hora tarde y porque su dadora/quitadora de vida tenía o no antojo de dejarte pasar, pues nada, deberían ofrecerte un huequito de todos los que van vacíos en el tren turbo de la tercera edad.
Llegué a Barcelona a las 6pm, acalorada, perdida, cansada, ojerosa, despeinada y sola pero infinitamente feliz.
El taxi, por no cobrarme más y ya que entró en la calle equivocada me sugirió ye me bajara en ese punto, pues la calle que buscaba estaría a una cuadra a la izquierda y luego de nuevo doblando a la izquierda. Ahí voy con 40 kilos encima... vaya cuadra, luego de una caminata que pareció eterna por fin, ante mi el edificio tal como lo había visto en google maps (bendita tecnología).
En casa (que sí que se siente como casa) me recibieron mis 2 roomies sonrientes y emocionadas por mi llegada, mi energía no alcanzó para dibujar la sonrisa que sentía por dentro, pero alguna mueca de felicidad hice y quedó en el aire la felicidad compartida por mi llegada.
Un chupito de tequila para la bienvenida y a dormir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario